[Apéndice Ñ] Un par de extractos

Un poco de texto:

EL RECOVECO DE LOS RAPSODAS


No solo de picaresca y placeres carnales se vive en Riebel. El Gremio de Escribas es popular por acoger a las mentes más brillantes que sobrevivieron el feroz ataque a la ciudad, y el propio Monipodio no se sonroja por expresar en público su amor por las epopeyas y las comedias.


En un desván gatero, situado en la tienda de capas que hay junto al Apaleador de Sardinas, se reúnen a diario poetas, actores, bardos y demás artistas de la palabra para lucir sus habilidades y ganarse unas monedas. Es especialmente solicitado Desmoto el Insultador, un bardo semi-elfo maestro de la injuria, adalid del ultraje y fénix del agravio. Ha convertido su arte en su principal forma de vida, poniendo precio a sus insultos según el ingenio y la capacidad hiriente demandada. No obstante, aunque sigue ostentando el título de insultador más brillante, parece que otros han decidido tomar su camino y vender sus insultos también, hecho que le está haciendo plantearse la posibilidad de contratar unas espadas de alquiler para acallar ingenios apócrifos.


COMIENDO CON LA GRAN RATA


Tarde o temprano, los PJ darán con Monipodio. Si han seguido las indicaciones de la gente del Rastro, se encontrarán al mediano disfrutando de unos buenos torreznos con vino en El Apaleador de Sardinas. Puedes leer el siguiente texto para entrar en ambiente:

«Entráis en un local espacioso, lleno de humo y olor a vino peleón. Las paredes son de piedra grasienta y el techo es bajo, de madera, con carnes colgadas aquí y allí, puestas a secar. Unas cuantas cajas y toneles hacen las veces de mesas y sillas. La única luz que ilumina el local es la procedente de unos braseros. Cuatro columnas centrales, restos del antiguo palacio, han sido reconvertidos en cuatro hornos para cocinar pan y otras viandas. En un rincón, acompañado de un par de jarras de vino y un plato de cerámica a rebosar de torreznos, un mediano vestido de negro se relame los dedos, recreándose en su almuerzo».

Monipodio es un veterano asesino, curtido en mil trapazas, que se ha erigido Gran Rata del Rastro de Riebel por derecho propio. Como buen mediano, es alegre y bonachón, aunque como buen bailón —ladrón viejo—, no duda en desenfundar a Descuernapadrastros, su daga del tamaño de un machete, siempre bañada en implacable veneno. A no ser que los PJ se muestren descorteses, les invitará a sentarse con él a almorzar torreznos con unos buenos tragos de vino.

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